Me encuentro leyendo el documento del Consejo Asesor Presidencial para la Calidad de la Educación, y me ha cautivado cómo a ratos parece un documento refundacional del país. Debía ser así, pero otra cosa es leerlo.
En mi primer post al respecto quiero destacar 5 puntos que me parecen esenciales:
1.- no hay lugar a dudas de que es necesario hacer un balance (recuperar en cierto sentido) entre derecho y libertad de educación, revitalizando al primero. Me parece fundamental este punto. La mala calidad y la inequidad en el acceso se estaban institucionalizando y se nos volvían transparentes.
2.- hay consenso en la necesidad de discriminar positivamente con los más pobres. Con esto, damos un paso atrás (que para mí es adelante) en el modelo neoliberal que apuesta al ajuste espontaneo entre oferta y demanda. Es tan fuerte el diálogo al respecto, que no hay acuerdos en temas como educación y lucro (donde yo no veo problemas con el lucro).
3.- separa la conversación entre aspectos de gestión y otros que llaman técnicos. Me parece un avance extraordinario de repercusiones más profundas que las que hasta aquí creo, se están sospechando. Administración, aprendizaje y políticas públicas son dominios claramente distintos.
4.- hay conciencia y declaraciones explícitas de que Chile y el mundo cambiaron. El primero, cruzado por el regreso a la democracia y estar fuertemente inmersos en el mundo. El segundo, por la globalización. Me gusta que sea tema central, que haya tan amplia conciencia, y que se aborde con cierto ánimo de perplejidad. Este consejo está "legislando" para un fenómeno que cambia muy, pero muy rápido.
Los dejo con un par de párrafos al respecto, que me gustaron mucho porque hablan del mundo, de Chile, y del ser humano.
"El mundo vive un proceso intenso de globalización. Chile se está integrando activamente en ese mundo global, no sólo en el orden económico sino también en el intercambio de ideas y valores. Eso genera un cambio profundo en la cultura; influye en nuestra identidad y en la memoria colectiva. Los procesos de modernización experimentados por nuestro país han exacerbado a veces el sentimiento de individualidad, en perjuicio de los lazos comunitarios sin los que la cooperación social es muy difícil. El delicado balance entre la esfera privada y la esfera pública de la vida una de cuyas manifestaciones es el rol que cabe en la vida común al Estado y a sus instituciones- ha arriesgado el desequilibrio. En fin, las expectativas de justicia que están en la base de la convivencia -y que se expresan en la demanda de oportunidades iguales para todos, con prescindencia de la cuna en que cada persona vino al mundose hacen hoy día cada vez más intensas, como consecuencia del crecimiento económico, no siempre bien distribuido, que nuestro país ha alcanzado.
Para encarar esos cambios, el sistema educativo es imprescindible. Mediante la educación se transmiten los valores que nos constituyen como comunidad y que nos permiten relacionarnos con el mundo desde una identidad firme. Mediante la educación se aprende a reconocer en los otros a personas con las que se tienen deberes de solidaridad y cooperación y, de esa manera, se atenúa un proceso de individuación que a veces lesiona la cohesión social. Mediante la educación se distribuyen las oportunidades y se evita que la vida futura de los niños y los jóvenes dependa de la cuna."
"Ante todo, mediante la educación las sociedades reproducen una cierta conciencia colectiva, una idea de comunidad, una memoria acerca de lo que fuimos y un proyecto que contiene lo que aspiramos."
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