En teoría sistémica aplicada a terapia, se dice que todo cambio genera resistencias, que si no hay resistencias probablemente no está habiendo cambio, y que los esfuerzos de cambio tienen que nacer por una necesidad declarada por el sistema.
Siguiendo en la línea del post anterior, me parece pertienente decir, que tomar un rol de cambio, que siempre será cultural, en las empresas latinas, es enfrentarse más de una vez al dilema de si corresponde o no seguir insistiendo y tensionando el sistema.
Personalmente he vivido (y vivo) este proceso desde dentro. Tanto mis clientes como yo, valoran mi trabajo realizado, la mirada y la disciplina que aporto para hacer empresa. Juicios de que se trata de algo nuevo, atractivo, y muy valioso para los desafíos que tenemos como empresa, son recurrentes. Afortunadamente también declaran su interés por mi trabajo.
Sin embargo, tanto a mí como a otras personas que conozco en roles similares, nos ocurre que cuando llegas a enfrentar los cambios más difíciles, más profundos y más ontológicos de la empresa, el grado de resistencia es tal, que te preguntas si no estás frente a la situación en que MIENTRAS EL ENFERMO NO RECONOZCA SU ENFERMEDAD, SU VOLUNTAD DE SANAR, Y SU NECESIDAD DE AYUDA, no tienes nada que hacer.
Es una situación complicada. Como agente de cambios hay que saber leer los ritmos de cambio de cada sistema, pero también tienes que provocarlos, tienes que saber escuchar, pero también declarar necesidades y seducir. El balance entre tomar acciones que te lleven a replegar los esfuerzos de insistencia en el cambio de la organización o incluso asumir que no es el momento de seguir insistiendo y que tu caminos es fuera de la organización, y seguir en "la lucha" (interesante metáfora), es de esos grados de complejidad que hacen que le llamemos arte.




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