Este post simplemente ya no podía dejar de escribirlo. Tanto por el curso de Liderazgo Estratégico del MBA en el cual soy alumno, como por el taller de Comunicación para la Acción (inseparable del liderazgo) de la UAH en el cual soy profesor, me he enfrentado intensamente a la experiencia y la reflexión acerca de los propósitos personales en la vida, con qué estamos comprometidos finalmente, la tensión como condición-recurso, y el fuerte compromiso con la comodidad como reflejo del vacío existencial.
El curso de Liderazgo Estratégico del MBA se funda en la escuela de Liderazgo de Harvard, cuyo director es el psiquiatra Ronald Heifetz, cuyo libro Liderazgo sin Respuestas Fáciles ya he comentado en este blog. Desde esta escuela es central entender el Liderazgo como algo que se ejerce, pero más importante que esto, que se ejerce para el logro de un propósito.
Lo que he encarado en estos días, es que sin un propósito que tenga que ver con otros, que sea con otros, y para otros, el liderazgo no es posible. Los liderados no se sienten cuidados y tú no tienes una dirección hacia la que movilizar al grupo.
En el ejercicio del liderazgo, la tarea es instalar los problemas que la gente no quiere enfrentar o que no está viendo. Contrario a lo que nos ha enseñado la tradición del liderazgo en términos generales, este enfoque concentra el esfuerzo del lider en poner problemas, ejercer presión, y aumentar la tensión. Es en esta tensión en que las personas y los grupos nos movilizamos. Por supuesto, como en el ejemplo de la olla, mucho calor puede aumenar la presión hasta un punto que quizas no soporte. En síntesis, la tensión es un recurso para la movilización y regular la presión es función del liderazgo.
Pero quedémonos en la tensión como fenómeno grupal. En mi perspectiva, necesitamos la tensión para acceder a espacios de expansión. Expansión de conciencia, intereses, visiones, capacidades, etc. En mi experiencia también, y desconozco si es un fenomeno sólo actual, hay una tendencia enfermiza a bajar la tensión para volver a la comodidad. La comodidad le gana a la tensión necesaria para aprender. ¿Hedonismo postmoderno? Probable.
Hay un punto central en lo anterior. Sostengo que cuando carecemos de propósitos que podemos llamar superiores, que además tienen que ver con otros y para otros, nos acercamos a nuestros hermanos animales: vivimos como si estuvieramos comprometidos con la comodidad. Con la sensación desde el cuerpo, de comodidad.
Cuando no tenemos compromisos superiores los momentos de tensión no son una inversión para una rentabilidad esperada, porque la rentabilidad es el éxito de la movilización y el nuevo estado (que es dinámico en todo caso), la que no existe si no tenemos un proposito. Pero no es sólo la tensión la que no tiene sentido; también nuestras vida.
Haciendo los talleres muchas veces genero tensión metiéndole presión a algunos. Sé que muchas veces (la mayoría), al principo puedo caer mal, parecer agresivo, arrogante, o desconsiderado. Pero mi compromiso superior con el aprendizaje y la movilización me hacen, no ignorar, pero sí poner en perspectiva de "inversión" ese costo, en pos del aprendizaje digo: me pagan para aprender y es mi propósito, no caer bien. Se paga, siempre se paga.
¿Cuál es el huevo y cuál la gallina? ¿Tener un propósito y luego estar dispuesto a la tensión, o someternos a la tensión e ir encontrando desde esa tensión mi propósito?. Ambas. El arrojo en tensión, o desde la tensión arrojarme, pero no esperes la una sin la otra. Es más, búscala.




Una plantilla que no está tensionada, no consigue resultados. Y estos son mejores si la tensión no es impuesta, sino que sale de cada uno.