Las declaraciones del Obispo Goic instalaron el tema sobre el sueldo mínimo, a paesar de la cantidad de libros y adeptos fundamentalistas que responden con que sólo cabe que el mercado regule. Incluso yo tuve la tentación de quedar ahí fácilmente. Pero los días han pasado y me vi explorando junto con otros, situaciones o miradas que son distintas. Estas son:
- "Pago más si puedo porque me gusta": dos empresarios coincidían en que ellos pagaban más que el mínmo a cargos que estaban en esa escala, porque ellos podian y porque les parecía que el mínimo era un descriterio, indigno. Al preguntarles por el mercado y la competencia, ambos coincidieron que en sus casos, tal argumento no corría, porque se referían a no más de dos personas en las empresas. Una de 100 y la otra de 200 personas.
- "Hay empresas en que los empleos de sueldo mínimo son centrales en los costos del proceso": un dueño de una empresa productora de aceite de oliva y aceitunas verde sevillana me dice: "en mi empresa, simplemente pagar más del mínimo a la gente de la cosecha, en la mayoría de los años, haría que el negocio se fuera a las pailas. Simplemente imposible. Si pudiera, les pagaría más, pero es algo que me es difñicil preveer y gestionar, considerando que la gente va de paso por el pueblo, y considerando que yo no tengo manera de saber el precio al cuál voy ha poder vender, en el momento que le pago a la gente".
- "Son muchos los trabajos que ya no son de sueldo mínimo": hay trabajos que ya no tienen sueldo mínimo, y que hasta hace muy poco sí. Una empleada doméstica en el barrio alto por trabajar todos los días de lunes a viernes puertas afuera, recibe entre 260 y 300 lucas mensuales. Los mineros de la empresa mediana, no menos de 350 mil: los choferes del Transantiago 500: un mecánico de maestranza 500 también.
- "Si el 80% de los sueldos mínimos lo pagan las Pymes, el tema es cómo las grandes empresas y las nuevas generaciones cambian el carácter de nuestra economía": una cosa en la que logré consenso con quienes conversé en estos días, es en que las empresas grandes no son el problema, y que por el contrario: si son grandes e sporque han hecho las cosas bien. Pero, más allá de eso, lo que debiera ocurrir es que estas empresas tomen el liderazgo en el desarrollo, teniendo relaciones de desarrollo conjunto con sus proveedores y apoyando su crecimiento. Que recuerden que no hay empresas exitosas en países fracazados. Así también, debemos promover que las nuevas generaciones vean el empredimiento como una opción de vida, una alternativa al empleo estable, y un deber para con el país.




Yo también pienso así, pero si fuera por reducir de forma casi ridícula la conversación, ¿tendríamos que quedar en que el país no es más justo porque la mayoría de los empresarios son egoístas? Yo creo que los hay, pero la norma? Quiero pensar que no.
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Pancho Cerda
www.franciscocerda.cl